Friday 27 january 2012
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22:01
Tengo en la mente
un oscuro pensamiento;
voy a acabar con todo
en menos de un suspiro.
Estoy hablando de amor,
no temas por mi vida.
Estoy tratando de llevarlo
a cabo en un descuido.
No soy un poeta maldito
-has de conocer la verdad-,
no siempre escribo.
En ocasiones respiro
y salgo a pasear
con la triste ilusión
de encontrarme contigo,
y ofrecerte un café.
Converso conmigo
hasta que rompe a llover
-no me preguntes por qué-,
por algún extraño motivo,
la lluvia consigue deshacer
el rastro de polvo
que dejo escrito en el suelo;
por el que logro volver
antes de que comience
a oscurecer el trigo.
Nunca alcanzo a verte
bajo la tormenta,
escondida entre la gente
en busca de un resguardo
como un jilguero azul
bajo una teja de abril,
sin llegar a comprender
la crueldad del siete de diciembre.
Por mi parte, he de confesar
que no me importaría mojarme
ni sentarme a esperar
a que finalmente saliera el sol.
No me importaría esperarte,
si tuviera la certeza
de que fueras a aparecer
o al menos de que llegaras a pensarlo.
Por Alberto Rodríguez Garduño
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Monday 16 january 2012
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15:16
Preparo café mientras sonrío.
La noche anterior, creo recordar,
hablaba de poesía con alguien
que terminó por olvidarse
de mi nombre.
'Existe otra forma de escribir',
le decía, y sentía como se perdía
conforme mis labios aleteaban
luchando contra la corriente.
¿A quién cojones puede importarle
lo que pueda llegar a escribir?
¿Quién en su sano juicio
podría llegar a comprenderme?
Lanzo demasiadas preguntas.
Nunca espero respuestas.
En cualquier caso, no me quita el sueño
el hecho de que nadie esté
dispuesto a compartir inquietudes
con alguien tan jodidamente raro.
Realmente, prefiero sentirme solo
antes que verme envuelto en la humedad
de su indiferencia.
No estoy hablando de poesía,
sino de valores.
De distintas formas de afrontar
la vida, como algo inevitable;
contemplar la seducción
de un final dolorosamente conocido,
a pesar de que sea miserable.
Conservar la ilusión
por preparar café cada día.
Resguardar de la lluvia
el deseo de preparar café
alguna noche, para dos.
Por Alberto Rodríguez Garduño
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Thursday 12 january 2012
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01:04
No estoy seguro,
pero dicen que volverá
la primavera
para rasgar
las cuerdas del tendal
donde pusiste a secar
mis pestañas.
No las tengo todas conmigo,
pero es posible que
aprenda a volar
cuando los días
duren más que el amor verdadero.
Quizá me equivoque,
pero empiezo a pensar
que la vida comienza a amargar
conforme los labios
se van tiñiendo de azul oscuro.
No creo que sea cierto,
pero he llegado a leer
que el día de mañana
viviremos más,
a pesar de que no sea mejor.
A riesgo de tropezar
una vez más con la verdad,
me gustaría pensar
que alguien se detuvo
a arrancar la flor de la locura.
Por Alberto Rodríguez Garduño
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Wednesday 4 january 2012
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22:41
Nunca he sabido a que sabe
la derrota, ni la piel
de las botas de serpiente
impregnadas con el sudor
de una zorra.
Antes que rogar un beso,
pienso besar a cualquiera
que quiera rogármelo a mí.
Vivo en mi palacio de infierno
los meses de invierno,
bajo las raíces de un almendro
esperando su flor.
Odio el silencio de la noche
cuando me roba el sueño
la rabia del futuro.
Cuando consigo cerrar los ojos,
despierto empapado en ginebra.
Conseguí dormirme tan sólo
abrazado a la ausencia.
Me vienen a la mente
cuerpos desnudos,
a menudo en actitud lasciva.
Sonríen sus labios, a pesar
de la tristeza de sus rostros.
No somos nosotros, sino ellos,
los que retozan en el lodo.
Por Alberto Rodríguez Garduño
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Thursday 29 december 2011
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15:40
Mato las tardes esbozando sentimientos
entre seis cuerdas de cobre y alambre,
al margen del discurso de siempre
mi corazón sobrevive al desorden.
Ten cuidado, mi mente es un infierno
donde arden y gimen los suspiros,
donde reino sobre ángeles caídos
sin cuernos, con el rabo siempre erguido.
Escupo al viento versos desolados;
derramo sangre en el hocico del olvido.
Estoy tramando la huida del pasado;
volveré para incendiar vuestro circo.
Ni duermo ni sueño con los ojos abiertos;
la oscuridad me atrapa como a una polilla
la luz de neón de un club de carretera.
Empiezo a revolcarme como una colilla
Encuerdan las campanas; tocan a muerto.
Empiezo a sudar, me busco en el espejo.
Destrozo los cristales de la ausencia;
incendio los matojos del Monte de Venus.
Vuela la noche, silenciosa como una coruja.
Apila ratas muertas en la poyata.
A cuatro patas la luna pierde su decoro.
Me enamoro siete veces por semana, puta.
Por Alberto Rodríguez Garduño
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