Después de ti.

Publicado en por Alberto Rodríguez Garduño

No podrás hacerme daño
si decides empreder
el viaje que dejamos pendiente
sin contar conmigo.

Hace demasiado tiempo
dejé de sentir bajo el caparazón.

Ya no acostumbro a tomar cualquier tren
ni espero a nadie en la estación.


En resumidas cuentas,
la vida me ha enseñado
a no esperar nada de nadie.

A pesar de ello, soy feliz
vagando por esta calle,
esquina con tristeza.

A menudo pierdo los estribos y,
dejándome a la suerte de la noche,
mis caballos se alejan de aquí.

En ocasiones algunos versos hieren,
pero en otras mueren
con el propósito de no matarme a mí.

Hurgo en mis heridas
para disipar las dudas.

El dolor me ayuda a sonreír
y a recordar que, en el olvido,
yacen los cuerpos que un día amé
con la ternura de un crío.

Almas inertes, hojas de otoño
que no pudieron sobrevivir al frío,
ni a mi calor.

Una vez más,
volveré a cruzar el crudo invierno
desnudo, sin mi fusil.

Seguir vivo es la ironía más hermosa,
la cosa más agridulce, después de ti.
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