Siete veces por semana.
Mato las tardes esbozando sentimientos
entre seis cuerdas de cobre y alambre,
al margen del discurso de siempre
mi corazón sobrevive al desorden.
Ten cuidado, mi mente es un infierno
donde arden y gimen los suspiros,
donde reino sobre ángeles caídos
sin cuernos, con el rabo siempre erguido.
Escupo al viento versos desolados;
derramo sangre en el hocico del olvido.
Estoy tramando la huida del pasado;
volveré para incendiar vuestro circo.
Ni duermo ni sueño con los ojos abiertos;
la oscuridad me atrapa como a una polilla
la luz de neón de un club de carretera.
Empiezo a revolcarme como una colilla
Encuerdan las campanas; tocan a muerto.
Empiezo a sudar, me busco en el espejo.
Destrozo los cristales de la ausencia;
incendio los matojos del Monte de Venus.
Vuela la noche, silenciosa como una coruja.
Apila ratas muertas en la poyata.
A cuatro patas la luna pierde su decoro.
Me enamoro siete veces por semana, puta.