Mi derecho a la tristeza.

Publicado en por Alberto Rodríguez Garduño

Esribo en esperanto
cuando me espanta la oscuridad.

Recuerda su cuerpo
este cuerpo inerte
bajo las sábanas.

Despierto enloquecido
empapado en ginebra.
Debí quedarme dormido
abrazado a su ausencia...

Más allá de la niebla
algo esconde la alameda,
al margen de la miseria
adormecida en los tendales.

No te preguntes por qué
mi voz lagrimea
cuando no encuentra
unos labios que sepan escuchar
a la brigada de los portales.

Así, atraviesa los cuerpos;
cabalga a lo lejos 
e impulsa las aspas del molino
que muele lentamente mi verso.

Mis manos alcanzarán a ver
más allá de lo que mis ojos
jamás podrán alcanzar.

Estoy empezando a creer
que viviré hasta el final
escribiendo cada atardecer,
bajo la sombra del silencio.

Me dará de lado
el fin del mundo
en años venideros.

Tan sólo quiero estar solo,
tiñiendo de negro
las paredes encaladas.

Dejaré crecer mi barba,
caminaré hasta el extremo,
musitaré algo incierto...

Contemplaré las olas
que rompan contra las horas
aferradas al viento.

He nacido del barro,
como la flor de loto,
por ello nunca olvidaré mis raíces.

Puedo verlo en sus ojos:
fueron tiempos difíciles,
pero no temáis,
ahora estoy con vosotros.

Invoco mi derecho a la tristeza.

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