Quimera.
Nunca he sabido a que sabe
la derrota, ni la piel
de las botas de serpiente
impregnadas con el sudor
de una zorra.
Antes que rogar un beso,
pienso besar a cualquiera
que quiera rogármelo a mí.
Vivo en mi palacio de infierno
los meses de invierno,
bajo las raíces de un almendro
esperando su flor.
Odio el silencio de la noche
cuando me roba el sueño
la rabia del futuro.
Cuando consigo cerrar los ojos,
despierto empapado en ginebra.
Conseguí dormirme tan sólo
abrazado a la ausencia.
Me vienen a la mente
cuerpos desnudos,
a menudo en actitud lasciva.
Sonríen sus labios, a pesar
de la tristeza de sus rostros.
No somos nosotros, sino ellos,
los que retozan en el lodo.
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