Siete de diciembre.
Comencé a escribir
cuando dejaron de escucharme.
Una forma de vivir
mientras la vida seguía al margen.
Cuatro poetas en guerra,
en la ciudad de Roma.
El futuro de ébano,
devorado por la carcoma.
Las calles que me han visto crecer
jamás llevaran mi nombre.
Espero que nadie me recuerde;
ójala nadie me honre.
Ahora que nadie puede oírme,
confesaré que la vida me ha defraudado...
Era yo quien quería aprender a volar
y quienes vuelan, son los años.
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