Candela.
Siento el sudor frío en la espalda.
Escribo y tan sólo busco consuelo
bajo la falda de la soledad,
tan puta como siempre;
más puta que ninguna.
Más incluso que la luna,
que desaparece
cuando la noche se estremece
y pierde su nombre.
Dicen que mi pluma vuela a lomos
del sueño vespertino que,
por suerte o por desgracia,
vino a posar su triste nido sobre mi almohada.
Ahora que vivo en autocracia
no necesito nada más que mi latido.
Ahora que estoy vivo y la muerte me sonríe,
arrullo al llanto vertido
en la hoguera del olvido
y arde entre aullidos el dolor del pasado.
Si al día le da por oscurecer, no temas,
follaremos con un candil encendido.
Mi calor será el tuyo, tu cuerpo el mío
y la madrugada, de los dos.
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