Candela.

Publicado en por Alberto Rodríguez Garduño

Siento el sudor frío en la espalda.

Escribo y tan sólo busco consuelo

bajo la falda de la soledad,

tan puta como siempre;

más puta que ninguna.

Más incluso que la luna, 

que desaparece 

cuando la noche se estremece

y pierde su nombre.

Dicen que mi pluma vuela a lomos 

del sueño vespertino que,

por suerte o por desgracia,

vino a posar su triste nido sobre mi almohada.

Ahora que vivo en autocracia

no necesito nada más que mi latido.

Ahora que estoy vivo y la muerte me sonríe,

arrullo al llanto vertido

en la hoguera del olvido

y arde entre aullidos el dolor del pasado.

Si al día le da por oscurecer, no temas,

follaremos con un candil encendido.

Mi calor será el tuyo, tu cuerpo el mío

y la madrugada, de los dos.

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