Luz de octubre.

Publicado en por Alberto Rodríguez Garduño

Ya son trece, que no doce,
ni once, ni diez, ni nueve, 
ni ocho, ni siete ni seis, 
ni cinco, ni cuatro, ni tres,
ni dos, ni uno los años
que han sufrido tus dulces huesos.
A esas alturas, créeme, lo recuerdo,
la vida se antojará interminable
y nada dejará de ser eterno,
salvo los veranos y las calles en el pueblo.
Dejarás de ser niña, para subirte a unos tacones, 
que espero lleguen tarde,
para salud de tus padres.
Con el tiempo llegarás a enamorarte
de algún imbécil desaprensivo,
al que terminaré por perdonar la vida en alguna esquina,
a riesgo de parecer violento, 
y tú tendrás que perdonarme a mí,
por aquello del amor fraterno.
Seguirás creciendo, a pesar de los pesares,
aunque tu mare quiera que sigas siendo
un sueño envuelto en pañales,
rodando por el suelo de la sala de estar.
Pero todo ello, lo que esté por venir, será otro día.
Hoy, tan sólo has subido un peldaño,
pero lo que de verdad importa
es que has tomado la escalera
y, aunque parezca extraño,
los demás seguiremos subiendo contigo cada primavera.
Sigue nuestros pasos, no te pierdas por el camino
Sé feliz. Sonríe. Danos la vida y la luz de octubre.

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