A más ver.

Publicado en por Alberto Rodríguez Garduño

Hoy callarás y otorgarás en el silencio
una lágrima vertida a destiempo,
como siempre, cielo, demasiado tarde.

Dejaste escapar los trenes del olvido
y ahora viviré siempre en tu recuerdo,
susurrando palabras vacías de amor

Te perseguirá para siempre el dolor
de mis pupilas, cuando mires al espejo
y descubras que no hay nada más

que una mirada triste detrás del polvo;
una sonrisa pintada en los labios
desdibujada por otros labios, qué se yo...

Ahora sé que nunca llegaste a ser 
aquella mujer que me hizo creer
que alguien podría llegar a entender

a este loco, sentado en el tejado
como un gato en celo, ansiando la luna,
siempre tan cerca y tan lejos de mi piel.

No me importa lo más mínimo tu vida,
aunque en otro tiempo fuera la mía,
ya no quiero ser testigo de tu fracaso.

Sigue por tu camino, pero no trates
de ensuciar el mío con tu vorágine,
con el vómito de tu caótico exceso.

Te hubiera dado el doble de lo que me dabas
si me hubieras dado la mitad de lo que te di,

hubiera besado el suelo que pisabas
si no hubieras decidido amarme sin mí.

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