Amén.

Publicado en por Alberto Rodríguez Garduño

Buscabas mujereres que quisieran follar
aunque el fondo, todo era más triste.
Tan sólo querías que supieran amar,
compartir la vida, el café... 
¿Por qué volviste?
Si no te hubiera pisado con furia
la hubieras vuelto a invitar a bailar
una noche más.
Si no te hubiera hecho tanto daño
lo habrías vuelto a intentar.
Te conozco demasiado.

Hija de puta... ¡Todo a cambio de nada!

Si hubieras sabido desde el principio
que no merecía la pena,
ahora no tendrías que maldecir a nadie,
pero, a fin de cuentas,
todo en esta vida tiene un por qué.

¡Hay que joderse! Cómo trató de joderme...
¡Si nunca supo joder bien!

Doy fe. Era una zorra de saldo. Lo superarás.
La sombra de cualquier mujer
estará por encima de su recuerdo.

¿Cómo sabes que era un cadáver en la cama?

Ahora eso carece de importancia.

¡Cómo que no tiene importancia!

No la tiene. Si hubiera sido una ramera de lujo,
ahora mismo deberías estar lamentándote.
Sin embargo, era una verdadera lástima.

Pero yo la quería...

No, no la querías. Querías su fortuna,
sus casas y toda su barbarie.
Jamás llegaste a quererla, imbécil.
Ahora crees que era amor, 
pero dentro de un tiempo
conocerás la verdad.

¿Cual es la verdad?

Sí, verás, es muy sencillo. 
Te la explicaré a riesgo
de parecer una criatura insensible:
Un día caerás en la cuenta de que tan sólo
era una fulana con pasta,
a la que acostumbrabas a montar
tres veces por semana, y que,
a fin de cuentas, 
nada de ello era extraordinario.

Amén.

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