Blanco sobre negro.
Volveré a escribir
cuando pierda los papeles.
Qué lástima, tarde o temprano
termino por encontrarlos.
No te preocupes por mí, cielo.
He sentido que he perdido la fe
mientras recalentaba el café,
pero se trata de algo pasajero.
Te haré saber que han volado hasta aquí
pájaros de mal agüero,
desde su agujero hasta mi ventana.
Trajeron en su pico ensangrentado
la semilla que clavé en tus entrañas.
Una tarde más volveré a perder el tiempo
tratando de ordenar los vientos
como una veleta, olvidada en el desván.
Déjame solo.
Déjame tan sólo delirar.
Al despertar entre las piernas de algún sueño,
me descubro eyaculando lágrimas de felicidad
sobre tus labios de piel de caramelo.
¿Querrías interpretar mis sueños?
Recuerdo tu sonrisa
mejor que tu nombre,
y es más que suficiente
para no olvidarte.
Antes de irme
me gustaría decirte
que eres la última flor
que ha sobrevivido
sobre el cemento.
Que de no ser un caballero
te besaría como un perro.
Que a estas alturas del viaje,
me gustaría decirte
que volveré a escribir,
pero no por el momento.
Mientras tanto,
échame de menos.
Si quieres encontarme, estaré
bajo el manto blanco sobre negro.