Altamente inconfesable.
Tengo en la mente
un oscuro pensamiento;
voy a acabar con todo
en menos de un suspiro.
Estoy hablando de amor,
no temas por mi vida.
Estoy tratando de llevarlo
a cabo en un descuido.
No soy un poeta maldito
-has de conocer la verdad-,
no siempre escribo.
En ocasiones respiro
y salgo a pasear
con la triste ilusión
de encontrarme contigo,
y ofrecerte un café.
Converso conmigo
hasta que rompe a llover
-no me preguntes por qué-,
por algún extraño motivo,
la lluvia consigue deshacer
el rastro de polvo
que dejo escrito en el suelo;
por el que logro volver
antes de que comience
a oscurecer el trigo.
Nunca alcanzo a verte
bajo la tormenta,
escondida entre la gente
en busca de un resguardo
como un jilguero azul
bajo una teja de abril,
sin llegar a comprender
la crueldad del siete de diciembre.
Por mi parte, he de confesar
que no me importaría mojarme
ni sentarme a esperar
a que finalmente saliera el sol.
No me importaría esperarte,
si tuviera la certeza
de que fueras a aparecer
o al menos de que llegaras a pensarlo.