La flor más cruel.
No ha dejado de ser la flor más cruel
a pesar del paso de los años,
tan hermosa como antaño
cuatro primaveras después
de aquel trágico otoño,
en que por última vez libé en su coño
la vida que me haría perder.
Ha viajado entre mis labios
y los de cualquier extraño
arrastrando la culpa y el adiós,
la sombra y el engaño,
y al fondo del dolor
como oro en paño,
un maltrecho corazón.
Con esa forma de subir los peldaños
ha vuelto a hacerme daño,
mi dulce Raquel.
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