A la orilla del recuerdo.
Hiere a su paso el valle
tras descender de la montaña,
para llegar hasta mis labios
con la ternura del primer beso.
Como aquel río
que atraviesa mis sueños,
arribas hasta mi cuerpo
para alejarte pasado un tiempo.
Así caen los días,
entre el verde de los árboles.
Así caen los años,
desde el azul del cielo.
Somos el preludio
de un futuro incierto.
Arrojados al viento,
como la ceniza
sobre el páramo desierto.
Esto es todo lo que tengo:
mi amor por ti,
el café de la mañana,
y una sonrisa desdibujada
sobre el espejo.
Y, de todo ello,
tan sólo el amor,
cuando hiere a su paso,
es eterno.
Volveré a compartir mi soledad,
con el humo del veneno,
regando la cicuta
que nazca sobre mi cuerpo.
Te irás siguiendo tu curso.
Te irás hacia mar abierto.
Y yo seguiré aquí,
a la orilla del recuerdo.