Al amanecer.
Como un ladrón
que incendia la comisaría
antes del amanecer,
vuelvo a casa
con una estúpida sonrisa.
Como un balcón
con plantas de maría,
Santa Magdalena,
no te quiero querer...
La vida pasa,
y no tengo prisa
en desaparecer.
Como en los grandes finales,
el amor es pasajero.
No tengo más dinero
para pagarte las postales.
En los burdeles,
pianistas con sombrero,
comparten cenicero
con mujeres infieles.
Mujeres fatales
que venden su cuerpo,
a cambio de papeles
que no llevan cielo.
Y mientras, la vida pasa
sin querer.
Y al amanecer
queman los carteles,
los más radicales.
Ladran libertad,
animales salvajes
en cautividad,
en busca de señales.
Pobres animales
sin libertad.
Al amanecer, la vida pasa,
y yo sin prisa
por crecer.
Vuelvo a casa
con una estúpida sonrisa
al amanecer.
No hay nada mejor que hacer,
al amanecer.
En busca de mi savoir faire,
al amanecer.
Rozando la inmadurez,
al amanecer.
Haciéndote sentir mujer,
al amanecer.
No hay nada que no puedas ver,
al amanecer.
Nos enseñan a perder,
al amanecer.
El cielo no es un gran hotel,
al amanecer.
El mundo rompe su corsé,
al amanecer.
La vida deja de ser vida al amanecer...