Desorden.

Publicado en por Savoir Faire

Son las siete de la mañana.
La ciudad respira
aire viciado.
Vuelvo a pie,
sé muy bien
dónde está mi cama.

Las familias de bien
suben las persianas,
los trabajadores
maldicen al sol.

No suman cien
todas las ventanas.
Voy regando flores
con sueños de alcohol.

Quizás la ciudad
ha perdido todo su encanto.
No tenemos mar,
pero tampoco es para tanto.

Puede que sea verdad,
a estas horas todo es un espanto.
Tengo la voz rota,
pero sigo cantando.

Es la puta realidad,
las estrellas duermen sin manto.
Es mi ciudad sin mar,
mi ciudad sin encanto.

No quiero veros jamás
a través del cristal.
Me voy de este bar.
He de volver
si todo va mal.

No quiero beber más,
no quiero vomitar.
No quiero despertar
con ganas de llorar.

Me voy de este bar
recordando un sueño.
Bailando un tango
en las aceras.

No hay primaveras,
sigo pensando,
¿qué fue de aquella felicidad
de contrabando?

Quizás la ciudad
ha perdido todo su encanto.
No tenemos mar,
pero tampoco es para tanto.

Puede que sea verdad,
a estas horas todo es un espanto.
Tengo la voz rota,
pero sigo cantando.

Es la puta realidad,
las estrellas duermen sin manto.
Es mi ciudad sin mar,
mi ciudad sin encanto.

Los niños sin futuro
emigran a la capital,
en busca de una vida mejor
lejos del nido.

Trepan por el muro,
quieren escapar.
Pronto sabrán
que están perdidos.


Y sigue girando
la rueca de hilar.
Sigue girando...

Se siguen pinchando
los yonkis del amor
en busca de un pico

tan pobres y tan ricos,
buscan un rinconcito
en su corazón.

Y sigue girando
la rueca de hilar.
Sigue girando...

Se siguen drogando
los yonkis del dolor,
paliando el daño
de antaño;
durmiendo en la estación

Tan pobres y tan ricos,
buscan sólo un trocito
de calor.

Quizás la ciudad
ha perdido todo su encanto.
No tenemos mar,
pero tampoco es para tanto.

Puede que sea verdad,
a estas horas todo es un espanto.
Tengo la voz rota,
pero sigo cantando.

Es la puta realidad,
las estrellas duermen sin manto.
Es mi ciudad sin mar,
mi ciudad sin encanto.


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