A riesgo de que me duela.
A riesgo de que me duela,
he decidido desarmar
mi armadura,
y caminar sobre la hierba
con el alma desnuda.
Te haré saber
que he colgado las espuelas
en lo alto del camino,
aún a riesgo de que me duela.
Cansado de buscar mi destino,
confieso que he malvivido
a la sombra de la espera,
a esta orilla del río.
Dentro de la oscuridad que habito,
he encendido una vela
y he dormido de seguido
las horas que el miedo me requisó,
cuando quiso robarme el abrigo
y por menos de un suspiro
apunto estuve de morir de frío y desamor.
Así, he decidido perseguir
como un crío las mariposas de terciopelo
que terminan por enredarse en
la vorágine de tu pelo,
salvaje e impío,
y hozar entre tus piernas
en busca de miel y limón.
¿Para qué?
¿Para qué, te preguntas?
Para endulzar mi voz,
para que jamás alcances a pensar
que he perdido la sonrisa y la razón
en algún lugar de paso,
cercano al fracaso,
donde casi pierdo el corazón.
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