Cuando yo siento
Cuando yo siento,
y más aún cuando siento lo que escribo,
puedo sentir el latido, tu latido,
aún a riesgo de perder el sentido,
aquí junto al mío.
Cuando yo siento,
olvido el hecho de seguir vivo,
y me pierdo en el tiempo
y corto las venas al teléfono
y tapio las ventanas al cielo
y condeno a volar a ras de suelo
a los pájaros de fuego
que hechos cenizas
vienen a morir aquí.
Cuando yo siento,
tú ya estás demasiado lejos
visando tu sonrisa
en la frontera del sueño,
y son otros labios los que te rezan
y otras manos las que te rozan
y son mis ojos lo que te ven
entregando tu cuerpo
a cualquier miserable.
Cuando yo siento,
aunque tú no lo creas,
aún duele más la vida…
y las mañanas del lunes
y las tardes de domingo
y las sábanas frías,
que lejos de regalar una caricia
ofrecen tan solo un desvelo,
un escalofrío, un anhelo,
una mano vacía,
una mirada de hielo.
Cuando yo siento,
y más aún cuando siento lo que escribo,
tengo la certeza de estar vivo
en este mundo nacido de un útero muerto.
Y a pesar de que los días se antojen eternos,
los años vuelan en seguida,
y la vida se va consumiendo
mientras el escenario gira.
Y es entonces cuando cae el telón
y la compañía se retira,
llorando entre bambalinas
por vivir una y mil vidas
viéndose morir al término
entre aplausos.
Cuando yo siento…